Valle de Roncal
El eco de la caliza y la memoria de las alturas
El eco de la caliza y la memoria de las alturas
Donde el río Ezka se abre camino entre hayedos profundos y la vastedad mineral del macizo de Larra, el tiempo no avanza: se posa. En el Valle de Roncal, la atmósfera se percibe en el tránsito lento desde la umbría del bosque hasta las cumbres que sostienen el horizonte, y en el silencio compartido de siete villas que aún guardan la huella de la trashumancia y el antiguo arte de las almadías. Es un espacio donde las bordas dispersas y el murmullo constante de las regatas componen una música apenas audible. Todo aquí parece dispuesto para que la montaña se revele poco a poco.
El recorrido se convierte en una forma de lectura del entorno y su memoria.
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Pierre vivante
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